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Pensamientos Blog » Religión

Archivo de la categoría ‘Religión’

La paz y el don de sí

Jueves, 30 de Abril de 2009

Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas. El que es asalariado, en cambio, y no pastor, como no le son propias las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa- porque es mercenario y no le importan nada las ovejas.

Yo soy el Pastor hermoso; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,

como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

Por eso me ama el Padre, porque Yo entrego mi vida, para tomarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y poder para tomarla de nuevo; esa es el mandamiento que he recibido de mi Padre» (Jn 10, 11-18).

Contemplación

El párroco de la calle de la muerte, Jorge Fernández Díaz , LA NACION, Jueves 23 de abril de 2009…

“Con voz pausada, suave, serena, el padre ‘Pepe’ anunció que no piensa salir de la Villa 21.

‘Nos dicen padres, no así nomás, no por el cuello que usamos, sino porque algo nos distingue: somos padres de una familia que es el barrio. Por eso, a pesar de la amenaza, los vecinos son mi familia. Voy a seguir en la villa porque no puedo más que ayudar. Somos un equipo de curas que trabajamos acá y vivimos acá. Nos levantamos y atendemos la necesidad de la gente, la capilla, los comedores, la escuelita de oficios que tenemos… Es estar en contacto diario con la gente, que se acerca con su drama. Todo el día se nos va en eso’, relató.

Por otra parte, reiteró su preocupación por la difusión, casi total, del paco en los asentamientos.

‘Contemplamos el suicidio lento que los chicos pueden ir realizando en los barrios (…) Aunque es verdad que la droga está en todos lados, nosotros hacemos lo que nos compete: defender a la gente de nuestro barrio’, afirmó. ‘Nos ocupamos -continúa el sacerdote- de que los habitantes del barrio estén bien y de que los niños crezcan sanamente. Yo siento un gran cariño por la villa 21. Este no es un trabajo en el que se cambia de oficina’.

De entre los reportajes al padre Pepe fui entresacando frases. Y más que frases eso que pescó un periodista (y que se escuchaba por las radios):

el tono de voz: pausada, suave, serena.

Es el tono que regala el Buen Pastor a los que cuidan sus ovejitas.

El evangelio está vivo en nuestro presente, metido en lo ordinario de la vida cotidiana –bien metido dentro del barrio obrero de la Villa 21- y de vez en cuando tenemos la gracia de escuchar la Voz del Buen Pastor –que suena bajito y suave solo para sus ovejas-, de escucharla, digo, en los Medios.

De vez en cuando es noticia.

Y si bien la noticia es de cruz, de amenaza de muerte,

el tono de voz es de buena noticia:

la Buena noticia de que el Buen Pastor tiene un equipo de pastores que “trabajan acá y viven acáâ€,

la Buena noticia de que el Buen Pastor tiene un equipo de pastores que “sienten un gran cariño por su familiaâ€,

la Buena Noticia de que el Buen Pastor tiene un equipo de pastores que “hacen lo que les compete: defender a la gente de su barrioâ€.

la Buena Nueva de que el Buen Pastor “no cambia de oficinaâ€.

Si uno afina el oído, es la misma la Voz y son las mismas las frases que dijo Jesús un día en el evangelio del Buen Pastor, del Pastor Hermoso…

Son frases sencillas, que salen como agüita de manantial, naturalmente, en medio del reportaje, revestidas de nuestro lenguaje cotidiano.

Cuando al equipo de pastores “el día se les va en eso…: -Nos levantamos y atendemos la necesidad de la gente, la capilla, los comedores, la escuelita de oficios que tenemos… Es estar en contacto diario con la gente, que se acerca con su drama. Todo el día se nos va en eso -, al Buen Pastor también se le va su día eterno en estar con los que le cuidan a sus ovejas. Y les regala su tono de voz: ese que las ovejas reconocen.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.

-“Me intriga cómo hace para vivir y luchar contra esta legión de problemas el párroco de la calle Osvaldo Cruz. Cuando entro en la sombra de un edificio humilde, con una iglesia y un patio techado y un aula donde varias mujeres hacen un taller de cerámica, me recibe un arcángel desgreñado. Es un hombre curtido de pocos dientes y de una dulzura inexplicable, un ayudante de Dios. ‘Tiene que esperarlo un rato’, me aclara. Hago fila con damas taciturnas, y siento que lentamente me vuelve al alma al cuerpo. Imagino afuera a los ‘muertos vivos’ esperándome, pero ahora siento que no se atreverán a pisar tierra santa. Es un pensamiento irracional, que de nuevo me avergüenza, pero no puedo evitarlo. Pasan algunos minutos y aparece un chico corpulento vestido con una remera y tocado por una gorra puesta al revés. Trae cara de pocos amigos, y aunque le cedo amablemente mi lugar no me lo agradece. Tiene la mirada dura. El padre Pepe sale de su despacho y le entrega una llave. ¡Lo estamos recuperando del paco -me explicará después a solas-. Está en plena lucha.’

Pepe parece más joven de lo que es. (…) La impresión personal le quita glamour: Pepe usa una modesta camisa azul de cura con clergyman y unos jeans gastados, tiene pelo largo y barba, y habla sin ego ni énfasis.

Yo soy el Buen Pastor, el Pastor hermoso. El buen pastor da la vida por las ovejas. El que es asalariado, en cambio, y no pastor, como no le son propias las ovejas, cuando ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye -y el lobo las arrebata y las dispersa- porque es mercenario y no le importan nada las ovejas.

“’Contemplamos el suicidio lento que los chicos pueden ir realizando en los barrios (…) Aunque es verdad que la droga está en todos lados, nosotros hacemos lo que nos compete: defender a la gente de nuestro barrio’, afirmó. ‘Nos ocupamos -continúa el sacerdote- de que los habitantes del barrio estén bien y de que los niños crezcan sanamente. Yo siento un gran cariño por la villa 21. Este no es un trabajo en el que se cambia de oficina’â€.

Yo soy el Buen Pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,

como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

“’Nos dicen padres, no así nomás, no por el cuello que usamos, sino porque algo nos distingue: somos padres de una familia que es el barrio’â€.

Por eso me ama el Padre, porque Yo entrego mi vida, para tomarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy por mí mismo. Tengo poder para darla y poder para tomarla de nuevo; esa es el mandamiento que he recibido de mi Padre»

“’Voy a seguir en la villa porque no puedo más que ayudar. Somos un equipo de curas que trabajamos acá y vivimos acá. Nos levantamos y atendemos la necesidad de la gente, la capilla, los comedores, la escuelita de oficios que tenemos… Es estar en contacto diario con la gente, que se acerca con su drama. Todo el día se nos va en eso. Nosotros hacemos lo que nos compete’“.

…

Así, uno puede ir leyendo a dos voces.

Hay tiempos en los que el lenguaje cotidiano sabe a Evangelio

y el Evangelio tiene sabor a lenguaje cotidiano.

Son tiempos de gracia.

Vienen siempre con una Cruz, es cierto, pero abrazada entre todos se puede llevar. Y da paz. El don de sí trae la paz de Jesús al corazón.

Les agradecemos a Pepe y a su equipo de curas la paz que transmiten, esa paz un tanto asombrada al salir tanto en los medios durante estas semanas, contrapesada con el don de sí de todos estos años de trabajo pastoral silencioso y sin publicidad en las Villas.

Rezamos para que este buen tono se transmita a toda la sociedad. Porque a la violencia estridente y espasmódica de la droga, que te promete todo y te lo quita todo en poco tiempo, sólo se le gana con la paz del Don de sí, que va sumando cada día  amigos, papás, mamás, hermanos, familias, capillas, instituciones… que va sumando gente buena, mucha gente buena, equipos de pastores y pastoras, detrás de la Voz pausada, suave y serena, del Buen Pastor.

Diego Fares sj

La paz, la Presencia y la Palabra de Jesús

Domingo, 26 de Abril de 2009

Los discípulos de Emaús, por su parte, narraron las cosas que habían acontecido en el camino  y de qué modo le habían conocido en la fracción del pan.

Mientras estaban hablando de estas cosas, Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo:

«La paz esté con ustedes.»  Aterrados y llenos de miedo, les parecía que estaban viendo un espíritu. Pero él les dijo: «¿Por qué están perturbados? y qué es ese vaiven de pensamientos que se levantan en sus corazones? Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo. Pálpenme y vean que un espíritu no tiene carne y huesos como ven que yo tengo.»

Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acababan de creer  a causa de la alegría y la admiración, les dijo: «¿Tienen aquí algo de comer?» Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Y tomándolo delante de ellos lo comió. Después les dijo: «Estas son aquellas palabras mías  que Yo les decía cuando todavía estaba con ustedes:

“Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí”».

Y, entonces, les abrió sus mentes para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su Nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando por Jerusalen. Ustedes son testigos de estas cosas. Y he aquí que Yo envío al Prometido de mi Padre sobre ustedes. Ustedes permanezcan quietos en la ciudad hasta que sean revestidos de fortaleza desde lo alto»  (Lc 24, 35-48).

Contemplación

Contemplamos al Señor Resucitado que viene a trayendo la paz a sus amigos.

Convengamos que la contemplación del Evangelio no es una actividad más en nuestra agenda. Animarse a la contemplación no consiste sólo en abrir un mail  entre muchos y darle una leída rápida. Hay que estar dispuestos a que, “mientras estamos leyendo estas cosasâ€, se nos haga presente el Señor y quiera quedarse un rato con nosotros. No nos llevará todo el día ─ las visitas del Señor Resucitado suelen ser cortas y para nada invasivas; él viene de tanto en tanto a nuestra vida… A los suyos los acostumbró, durante aquellos memorables cincuenta días, al ritmo semanal de su Presencia. Ritmo que la Iglesia aprendió y que transmite como ritmo Eucarístico. Ritmo que quieren tener estas contemplaciones semanales que van como “visitas†a muchos amigos y amigas y “se hacen presentes†estando cada uno ante su compu, en la intimidad de la habitación (salvo Ema que las baja en el call center).

El Señor da la paz a un grupo humano que vemos en estado de conmoción y de agitación. Han llegado los discípulos de Emaús, están contando sus experiencias con el Resucitado…, en ese instante se presenta Jesús y… vuelven a quedar aterrados! El Señor los saluda cariñosamente, les da el saludo tan lindo de la paz, pero ellos sienten miedo.

La realidad de la resurrección se les hace patente a nivel existencial pero no les entra en la cabeza. Esto les produce un shock muy fuerte. En realidad “el más fuerte†que pueda experimentar un ser humano: el encuentro con Jesús Resucitado! Lucas logra transmitirnos los esfuerzos que hacen estos hombres por reducir lo que ven a alguna racionalidad. La palabra que les viene a la mente, desde su paradigma cultural, es “espíritu†o “fantasmaâ€. Es decir: un muerto que se aparece a los vivos y produce un susto espantoso.

Si creemos que el Evangelio no es una mera narración, cuyo poder evocador depende de nuestra fuerza de imaginación, si creemos de corazón que el Evangelio es Palabra Viva, entonces podemos leer el pasaje como algo que está aconteciendo en este momento y sentir que Jesús nos transmite paz y que nosotros, en algún lugar, si nos animamos a creer de veras, sentimos miedo. Estamos muy seguros en nuestros miedos ─ viejos conocidos ─ y le tememos a Su Paz ─ tan inquietante y desinstaladora de seguridades humanas ─.

Pongamos atención en las palabras que les dice Jesús.

«¿Por qué están perturbados? y ¿qué es ese vaiven de pensamientos que se levantan en sus corazones?

Tratemos de pescar cómo discierne el Señor lo que están sintiendo en ese momento los discípulos. Esto es importante para contemplar, porque tranquiliza mucho saber que el Señor nos conoce, que sabe lo que nos pasa cuando queremos contemplarlo. Hace bien sentir que El sabe que nos ponemos inquietos, que nos da miedo, que no sabemos rezar, ni cómo hay que hacer. La gracia de la Presencia significa que Él nos tiene presentes, no que nosotros lo hacemos presente a Él. Él nos tiene presentes y se nos presenta en el momento y de la manera que más nos conviene.

Cuando El nos dice “por qué te inquietásâ€, eso ya basta para pacificarnos. El serena  nuestros corazones con su Palabra y su Presencia.

Presencia y Palabra…

Nosotros comenzamos leyendo estas palabras para luego recibir la gracia de sentir la Presencia. Pero recordemos que la Presencia y la Palabra de Jesús Resucitado van siempre juntas. Gracias al Espíritu, que nos “enseña toda la verdadâ€, están mutuamente abiertas.

La gracia que dio de una vez para siempre el Señor resucitado fue instaurar esta apertura: “les abrió sus mentesâ€, dice Lucas.

Esta Apertura,

este Ãmbito abierto,

este “Cieloâ€, este “Reino de los Cielosâ€,

es algo que instaura Jesús:

abriéndose paso en nuestras estructuras cerradas

con su Presencia gloriosa,

con su Saludo de Paz,

con sus Llagas abiertas,

con su Palabra,

con ese gesto con que logra “abrirnos la mente†y, por fin,

con el Espíritu que nos reviste de fortaleza para mantener siempre abierto el acceso al Padre.

Volvamos al discernimiento del Señor.¿Cómo interpreta lo que les sucede a los discípulos cuando lo ven resucitado? Les dice:

«¿Por qué están perturbados? y ¿qué es ese vaiven de pensamientos que se levantan en sus corazones?

Traducimos “tarasso†= perturbados. Es una palabra griega que significa la agitación y la perplejidad que surge al experimentar, dentro de uno, sentimientos e ideas encontrados. Por eso el Señor apunta directo al “vaiven de pensamientos†que se levantan de sus corazones. No pueden creer lo que ven y les surgen todo tipo de ideas en el esfuerzo por procesar lo que tienen delante. Ese vaiven no sólo es de sentimientos de miedo y espanto sino también de gozo y de admiración.

Vemos que el Señor, como Buen Pastor, los va tranquilizando.

Les muestra sus manos y sus pies, hace que lo palpen… y eso los llena de alegría y de asombro.

Pero estos sentimientos buenos producen también una agitación y un vaivén que no deja que se abra el espacio de la fe:

“De puro gozo no acababan de creerâ€.

Entonces el Señor les pide de comer y come un poco de pescado en presencia de ellos.

Notamos cómo Jesús los va pacificando y serenando con lo más carnal de su persona. Es la resurrección de la carne lo que los pacifica.

Ver que Jesús está bien,

que es Él,

que es su misma carne y que conserva sus llagas.

Tiene las llagas y está bien.

Tiene carne y huesos y se hace presente con las puertas cerradas.

Puede compartir un trozo de pescado aunque no se vea que “necesite†comer.

La resurrección de la carne se les vuelve manifiesta a nivel existencial: Jesús les hace sentir y gustar su presencia ─ sus llagas gloriosas, su carne glorificada ─ como algo absolutamente nuevo y distinto de cualquier otra experiencia humana. Por eso se convierten en testigos de esta “Buena Nueva†y es a partir de allí que se debe interpretar todo lo demás, todo lo que somos y todo lo que acontece en la historia.

En el vaivén de ideas y sentimientos que experimentan los discípulos vemos reflejado nuestro propio ir y venir con respecto a la Resurrección. También nosotros con nuestra mentalidad, quizás más sofisticada, experimentamos las mismas perplejidades. ¿Será verdad esto de la resurrección?

Y es necesario que Jesús nos pacifique, igual que a sus amigos.

Allí donde tenemos miedo, allí donde nos da terror la Vida, terror porque la sentimos viva y frágil a la vez. En el centro mismo del miedo por la vida, allí es donde tenemos que estar atentos a la Paz de Jesús.

También nuestra mentalidad moderna se desasosiega haciendo esfuerzos desesperados por racionalizar los miedos. En vez de eso, animémonos a sentir nuestros miedos y terrores y a escuchar cómo Jesús los conjura diciéndonos:

«¿Por qué se ponen ansiosos? y ¿qué es todo ese vaiven de pensamientos que se levantan en sus corazones? No tengan miedo. Soy Yo mismo. Miren mis manos y mis pies….

Miremos a Jesús comulgando con nuestros sentimientos, ofreciéndose a nuestra necesidad de palpar y de tocar sus manos y sus pies.

Pidámosle que se quede un largo rato pacificándonos y que luego nos revele que su Resurrección ya estaba “prometida†en la Escritura.

Supliquémosle que nos abra la mente para que podamos comprender el sentido del Evangelio.

Roguémosle que nos “revista de la fortaleza de lo Altoâ€, para que su Espíritu Santo consolide la Apertura de nuestros corazones, de manera tal que queden convertidos en Un Solo Corazón, un Corazón eclesial.

Que el Espíritu nos haga comprender que la Resurrección no es algo que se pueda interpretar y analizar “desde afueraâ€. No se puede; y por eso le pedimos al Espíritu Santo:

Que nos haga entrar dentro del ámbito que el Señor Resucitado nos abrió: el ámbito de la Paz y de la Fe.

Que Jesús Resucitado se haga presente cuando gastamos nuestro tiempo rezando y contemplando.

Que la Paz de Jesús Resucitado se difunda en nuestros corazones, ya que nos animamos a dejarlo entrar en nuestros miedos y angustias.

Que la Paz de Jesús Resucitado ilumine nuestras mentes, ya que nos animamos a nombrar nuestras dudas y perplejidades con las Palabras del Evangelio.

Que la Paz de Jesús Resucitado reine entre los que nos animamos a la Comunidad, a una Iglesia que acepta incluir a todos.

Diego Fares sj


 
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